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Asociación de Amigos del Camino de Santiago JACA
Asociación de Amigos del Camino de Santiago JACA

Flora: Descripción del paisaje vegetal

            La Jacetania aparece claramente vertebrada por el río Aragón y sus principales afluentes aragoneses: Lubierre, Estarrún, Aragón Subordán, Veral y el curso bajo del Esca. Entre el Pantano de Yesa y el nacimiento del río Aragón hay apenas 50 Km. de longitud en línea recta, pero su desnivel altitudinal es de 2300 m con un gradiente climático que abarca desde 730 l de precipitación anual y 12º C de temperatura media en Artieda (650 m)  hasta casi 2000 l y 5’2º en Candanchú (1600 m). Desde luego las temperaturas son todavía mucho más bajas en las cumbres pirenaicas, donde se acorta el periodo hábil para la vida de las plantas (periodo vegetativo) que puede quedar reducido a dos o tres meses.

            Señaladas ya las diferencias en temperaturas y precipitaciones, si tenemos en cuenta la estrecha relación de flora y vegetación con el clima,  podemos comenzar a entender el variado mosaico vegetal que la comarca alberga. Echemos un vistazo a los principales ambientes vegetales mediante un recorrido imaginario de Sur a Norte.

* Los enclaves termófilos en la Canal de Berdún: El viajero que penetra en la Jacetania procedente de Navarra encuentra junto al Pantano de Yesa y alrededores de Sigüés, pequeñas restos del carrascal, Quercus ilex rotundifolia, que señalan los enclaves más cálidos de la comarca entre las Sierras de Leyre y Orba al Norte y la Peña Musera y Sierra Noble al Sur; estas últimas montañas apenas sobrepasan 1000 m de altitud. En estos bosquetes se refugian las plantas más frioleras, “termófilas”, como la coscoja, Quercus coccifera, el aladierno, Rhamnus alaternus, un arto, Rhamnus saxatilis, la sabina negral, Juniperus phoenicea y el enebro, J. oxycedrus  y en los rellanos arenosos de sus claros hay dos plantas muy raras de floración otoñal: la orquídea Spiranthes spiralis  y una liliácea, Scilla autumnalis. Todavía más protegidas en cuanto al clima están las “foces” de Sigués (Freta de Sigüés) y las de Binés donde, junto a la carrasca, encontramos plantas de indiscutible vocación termomediterránea como el madroño, Arbutus unedo, que florece ya en pleno otoño mostrando a la vez sus frutos rojos y amarillos, el arce de Montpellier, Acer monspessulanum, la madreselva, Lonicera implexa, el durillo, Viburnum tinus, olivilla, Phillyrea angustifolia, cornicabra, Pistacia terebinthus, lechetrezna, Euphorbia characeas  y el te de roca, Chiliadenus saxatilis, junto con Petrocoptis hispanica en las grietas de la roca. Cerca de Sigüés aparece, muy raro, el romero, Rosmarinus officinalis, símbolo de la vegetación mediterránea y que falta en el resto de la comarca. Los pastos derivados del carrascal se caracterizan por la presencia de un lastón, Brachypodium retusum y, en ocasiones, numerosas plantitas de ciclo anual, efímeras que surgen por doquier con los primeros calores de la primavera.

            Estos enclaves mediterráneos ligados al carrascal, reaparecen todavía aguas arriba de los ríos Veral, Aragón Subordán y Aragón cubriendo las terrazas fluviales y las laderas meridionales del Monte Cuculo, San Juan de la Peña y otros pequeños enclaves con suelo esquelético en el “Sudoroel” llegando hasta los alrededores de Jaca, si bien muy empobrecidos en su cortejo florístico mediterráneo. Todavía más al Norte, cerca de Villanúa, encontramos bosquetes de carrasca que señalan los topoclimas más secos propiciados por el efecto desecante de los vientos que descienden por el Valle del Aragón.

            Pero volvamos a las laderas umbrías de la Peña Musera y Sierra Noble, a espaldas de Artieda y Mianos, donde pueden verse ya, entre abundantes repoblaciones de pino negral que crían abundantes robellones, los vestigios del quejigal originario que comentaremos más adelante.Buxus sempervirens
           
            Siguiendo el trayecto hacia el levante, enseguida  se abre la Canal de Berdún, delimitada al Norte por las majestuosas cumbres pirenaicas y, al fondo, aparecen las emblemáticas Sierra de San Juan de la Peña  y Monte Oroel, con una perspectiva que nos muestra su altiva silueta piramidal. El paisaje actual de la Canal de Berdún antaño dominio de la carrasca y el quejigo, está dominado ahora por los cultivos, pero algunas laderas pedregosas escaparon al arado y están cubiertas todavía por bosquetes de carrasca, con el boj, Buxus sempervirens que, con un clima más continental, sustituye a la coscoja y algún quejigo, Quercus cerrioides, señalando así el tipo de vegetación preponderante. Entre los cultivos destacan los xinebros arborescentes, Juniperus oxycedrus subsp. badia.

            Bordeando el río Aragón y sus afluentes podemos ver hileras de chopos junto a distintos sauces, Salix alba, S. eleagnos subsp. angustifolia, S. purpurea, S. triandra  y algunas plantitas tan curiosas como Lathraea clandestina de un llamativo color morado primaveral que delata su alimentación parásita. Es una vegetación preparada para resistir las riadas y frenar su ímpetu, aspecto que ignoran los promotores de algunos “trabajos de limpieza”.
 
Coronilla emerus*Los quejigales: Buena parte de la mitad meridional de la comarca corresponde al dominio del quejigo, Quercus  gr. cerrioides, Q. humilis y Q. faginea, robles marcescentes, es decir que mantienen en las ramas su hoja seca en invierno y así dejan una impronta coloreada en el paisaje hasta bien entrada la primavera. En nuestro recorrido imaginario hacia el Norte, encontramos ya notables bosques de quejigo en Puente La Reina, gran parte del municipio de Bailo y en todas las zonas bajas de los valles, hasta los 1400 m o todavía mayor altitud, es decir sobrepasando los principales núcleos de población. En las zonas más bajas, el quejigo alterna con pino negral Pinus nigra subsp. salzmannii y por encima los 1000 m con el pino albar que luego comentaremos. La existencia de numerosas repoblaciones de las coníferas dificulta separar el área de distribución natural de dichas especies.

            Si la carrasca señala un clima soleado, con vientos desecantes y verano seco, el quejigo nos indica un ambiente más fresco con suelo profundo que así suaviza la sequía estival. El quejigal define la región submediterránea que hace la transición entre el paisaje mediterráneo que se extiende por gran parte de la Península y el eurosiberiano, dominante en el continente europeo, pero en nuestra Península localizada en el litoral atlántico, cornisa cantábrica y la montaña media pirenaica, o sea, en la denominada “España verde”. El quejigo va siempre acompañado por el boj y la curronera, Amelanchier ovalis  y cuando está junto a la carrasca, comparten algunas plantas termófilas de las citadas antes y a veces la garbancera, Ononis fruticosa,  una mata leguminosa de vistosas flores rosadas que abunda en las solanas de Oroel y San Juan de la Peña, Puente La Reina y alcanza las cercanías de Aisa y Castiello de Jaca. Amelanchier ovalisSin embargo, cuando el ambiente es más fresco, el quejigo acompaña otros arbolillos como son los arces, Acer opalus y A. campestris, los serbales, Sorbus aria y, más raro, S. torminalis,  conel majuelo, Crataegus monogyna y en el sotobosque no faltan  Cityssus sessilifolius, Coronilla emerus, una primavera, Primula veris  y el más escaso Melittis melisophyllum.

            El matorral-pasto derivado del quejigal es pastado por los rebaños, se denomina en términos botánicos Aphyllanthion y está formado por muchas especies que, más o menos abundantes, aparecen por todas partes en esta mitad meridional. Citemos sólo las más importantes: el junquillo que da nombre a la comunidad, Aphyllanthes monspeliensis, el tomillo, Thymus vulgaris y la oreja de liebre, Bupleurum rigidum que también aparece en los carrascales, una pequeña aliaga Genista hispanica subsp. hispanica, Thalictrum tuberosum, el escobizo, Dorycnium pentaphyllum,  un espliego, Lavandula latifolia, Globularia vulgaris, Catananche caerulea, varios linos, Linum narbonense, L. viscosum, L. campanulatum, L. appressum, una lechetrezna Euphorbia serrata, Staehelina dubia, la cuchara de pastor, Leuzea conifera  y varias gramíneas Brachypodium pinnatum, Agrostis, Festuca, junto a las cárices, Carex hallerana, C. flacca  y muchas leguminosas Trifolium, Medicago, Onobrychis argentea subsp. hispanica. En este ambiente suele abundar la manzanilla de Aragón, Santolina chamaecyparissus, una de las plantas mejor conocidas en nuestra comarca y posiblemente la más recolectada para preparar tisanas cuando el cuerpo pierde su natural sosiego. En buena parte de la comarca, la influencia del Cantábrico se deja notar por la presencia de algunas plantas que desde la vecina Navarra alcanzan nuestro territorio: una gramínea de forma amacollada  y porte espectacular que puede alcanzar dos metros de talla, el Helictotrichon cantabricum que abunda de manera particular en San Juan de la Peña, junto a una bufalaga rastrera, Thymelaea ruizii  y la hierba de la matriquera, Genista hispanica subsp. occidentalis. Además podemos encontrar en la zona más occidental el brezo común, Erica vagans y, mucho más rara, E. cinerea en las umbrías con suelo decalcificado. 

            No podemos acabar el capítulo de los quejigales y carrascales sin mencionar la aliaga, Genista scorpius; una de las plantas más comunes en Aragón que coloniza los yermos y antiguos cultivos; aunque todos la conocemos por sus espinas no hay que olvidar su llamativa floración temprana que anuncia el final del largo invierno jacetano. A propósito de los campos de cereal extendidos a expensas del quejigal, mencionemos su flora acompañante, denominada meseguera o segetal, ahora muy mermada por los herbicidas. Aun con todo, sobrevive el ababol, Papaver rhoeas, la espuela de caballero, (Delphinium halteratum subsp. verdunense y Consolida pubescens) junto con algunas livianas (Sinapis arvensis, Rapistrum rugosum) por citar solo las de flor vistosa. Rarísimo es ahora el aciano, Centaurea cyanus con bellas flores azules reputadas por su virtud medicinal en oftalmología. En los márgenes de dichos campos de cereal pero en especial en el “campo de Jaca”, vive una planta de preciosas flores blancas, Ornithogalum gr. umbellatum  heraldo de la primavera y la hierba del viento, Phlomis herba-venti  que ya citaba Wilkomm y florece cuando el verano está en su apogeo.

* Los pinares de pino albar: Por encima de los 1000 m el quejigo comienza a declinar y es sustituido por el pino albar o royo, Pinus sylvestris. La presencia de los pinares nos indica que hemos dejado atrás la vegetación submediterránea y entramos de lleno en la región medioeuropea. Aunque las precipitaciones medias anuales superan ya en esta zona los 800 litros, el pino puede formar bosques sobre unos suelos de humedad variable. En las zonas más bajas y soleadas encontramos un pinar seco que comparte frontera y flora con los quejigales y sigue presentando abundante boj en el sotobosque.

            Cuando el suelo se hace pedregoso el pinar se aclara y aparecen aun plantas del Aphyllanthion pero lo más aparente es el erizón, Echinospartum horridum, tan abundante. Este arbusto espinoso es, junto con el boj, la planta más característica del matorral jacetano y de todo el Pirineo aragonés. Su presencia se vuelve espectacular en su esplendorosa floración estival que viste de amarillo unas laderas deforestadas y las crestas de las sierras más meridionales. Como sucede con la aliaga, el tacto pinchudo la convierte en planta antipática para el caminante pero en su descargo conviene destacar su capacidad colonizadora tras el incendio y la protección del suelo contra la erosión. Además, y aunque su abundancia aquí indique lo contrario, es una planta casi endémica del Pirineo de Aragón (apenas alcanza Navarra, Lérida y Macizo Central de Francia), su abundancia disminuye en los Somontanos y enseguida desaparece al Sur de la Sierra de Guara. En la Jacetania, el erizón abunda en Oroel, San Juan de la Peña y Montes de Borau, sobretodo en las solanas y alcanza el Collarada, donde asciende hasta cerca los 2000m en Canfranc, Aisa y Aragüés del Puerto, pero se hace raro en los Valles de Hecho y Ansó. Otra planta protectora del suelo y con virtudes medicinales es la gayuba, Arcostaphylos uva-ursi que aparece también en los carrascales, quejigales y en el pinar subalpino donde forma con frecuencia grandes alfombras en los claros del pinar seco, por ejemplo en San Juan de la Peña. Entre estos matorrales ariscos de las crestas, florece en Febrero o Marzo un precioso azafrán silvestre, Crocus nevadensis.

            El pinar húmedo se reconoce por un manto musgoso y sustituye al quejigal en las umbrías y los suelos más profundos. La flora de estos pinares es similar a la que se ha nombrado para el quejigal fresco y tiene también plantas del abetal y del hayedo que luego mencionaremos. Si acaso, hay que comentar aquí el acebo, Ilex aquifolium  que forma poblaciones muy nutridas en los valles occidentales y en San Juan de la Peña;  sus llamativos frutos son alimento de urogallos y decoran nuestros montes en invierno.

* Los bosques húmedos montanos: Cerca ya de Villanúa, Aisa, Aragüés, Hecho y Ansó, el pino silvestre comparte su dominio con hayas y abetos en umbrías y barrancos donde el ambiente se torna más húmedo ya sea por la orientación o por el suelo profundo que mitiga la sequía estival. El haya, Fagus sylvatica, es una especie atlántica que requiere humedad atmosférica y por eso, en las zonas más meridionales de la Jacetania, prefiere las crestas cubiertas de vez en cuando por la niebla. Hacia el norte se localiza en los valles del Aragón y Aisa buscando la exposición a poniente y en la Selva de Oza o el Valle de Zuriza encuentra su ambiente ideal y aparece por doquier. En los resaltes pedregosos del piso montano medra un árbol de preciosa madera y hojas que no hay que confundir con el abeto; es el tejo, Taxus baccata, del que teníamos bosquetes magníficos en el Valle de Aragüés pero fueron diezmados por una gestión forestal desaforada. El abeto, Abies alba, requiere ambiente parecido al haya, pero no es amigo de las nieblas y precisa más bien humedad en las raices, por lo que aparece en lugares con suelo profundo. A pesar de sus preferencias, pino albar, haya y abeto conforman muchas veces bosques mixtos salpicados por otras especies arbóreas como fresno, Fraxinus excelsior, abedul, Betula pendula, temblon, Populus tremula y arce, Acer opalus. Son estos bosques ricos en plantas caducifolias, las que en otoño mudan su color verde en una gama multicolor de verdes, amarillos, naranjas, rojos y ocres mientras se preparan para la dormida invernal. Los mejores hayedos y abetales pueden verse en los altos valles del río Veral, Aragón Subordán y Aragón (Rincón de Maz, Barrancos de las Eras y Aztaparreta, Selva de Oza, Bosque de La Hayas, solo por citar algunos enclaves). En la Selva de Villanúa y el Paco Ezpela de Ansó, el abetal se encuentra ahora muy dañado por las plagas y en el monte de Santa Cruz por la tala descuidada y excesiva mientras que en Peña Oroel podemos observar un excelente abetal en franca recuperación. Entre las plantas acompañantes citemos los “peralitos”, Pirola chlorantha, P. minor, Moneses uniflora, Orthilia secunda, además de Prenanthes purpurea, un par de orquídeas, Goodyera repens, Neottia nidus-avis, una cárice de gran tamaño, Carex sylvatica y dos gramíneas también muy esbeltas, Festuca altissima y Milium effusum.

            El aclarado de los bosques mixtos y un manejo preciso de la “dalla” y el ganado dio origen a los prados de siega, complemento de los pastos de puerto en la economía tradicional ganadera. Los prados presentan una flora propia con un amplio elenco de gramíneas y leguminosas muy nutritivas para la alimentación invernal del ganado. Además, los setos de árboles y arbustos completan el variado mosaico vegetal de la pradería que aun puede apreciarse en los alrededores de Aisa, Hecho y Siresa.
 
            También en el piso montano, en las orlas forestales, entre bloques erráticos junto a barrancos y orillas de riachuelos o bien al pie de cantiles con suelos muy fértiles, crece un tipo de vegetación dominado por grandes hierbas, “megaforbios” en la jerga botánica, con una diversidad muy alta y  plantas de gran interés ecológico por la presencia de endemismos y otras rarezas. Este tipo de vegetación tan particular y exuberante, aparece en el Paso de Aspe, Paso de Escalé, el Ibón de Estanés, Petrachema, Linzola y estas son algunas de las plantas mas notables: Valeriana pyrenaica, Cicerbita plumieri, Digitalis lutea, Adenostyles alliariae, Cirsium carniolicum subsp. rufescens,  Thalictrum macrocarpum, T. aquilegifolium, Lilium matagon, L. pyrenaicum, Myrrhis odorata y varios helechos de gran tamaño.

* El pinar subalpino de pino negro: Por encima de los bosques húmedos (1700-1800 m) se extiende el piso subalpino, terreno del pino negro, Pinus uncinata. Este árbol es en nuestra tierra el mejor adaptado a los largos inviernos con innivación abundante y puede soportar los fuertes vientos y demás penurias climáticas propias de esas altitudes. En los enclaves más secos se acompaña de la gayuba y casi siempre del enebro común, Juniperus communis; Además es frecuente el serbal de cazadores, Sorbus aucuparia, una rosa sin espinas, Rosa pendulina  y, a veces, una Anémone de curiosos frutos, Pulsatilla alpina. Los bosques de pino negro han sido muy mermados por la tala y el fuego para tributar más terrenos al pastoreo y en la actualidad se ven relegados a laderas inaccesibles y espolones rocosos de los altos valles.

*Los pastos alpinos y subalpinos: Más arriba del pino negro ninguna especie arbórea puede vivir debido al rigor del clima y la vegetación queda reducida en primer término a formaciones arbustivas dominadas por el enebro y vastas superficies de pastos o “tasca” que, de manera cada vez más discontínua, alcanzan las cumbres de nuestras montañas. Desde el fondo de los valles, los pastos parecen uniformes y apenas varían en la intensidad de su verdor a lo largo del verano. Sin embargo, cerca de la mitad de la flora comarcal y decenas de comunidades vegetales encuentra allí cobijo conformando un mosaico muy heterógeneo en cobertura y composición florística.  Manatiales, regatos, crestas, gleras, pies de cantil, neveros, orillas de ibones, majadas, laderas suaves y fuertes pendientes conforman otros tantos ambientes con su propio tipo de pasto definido por un sinfín de especies cuyas adaptaciones al diente del ganado, la brevedad del verano, la vida bajo la nieve y la competencia por los polinizadores constituyen un espectáculo para quien sabe observar los pequeños detalles de la naturaleza. Pero, además de su esplendor, los pastos han sido la base principal de la economía ganadera en nuestra comarca y siguen siendo el recurso natural más destacable que no debería ser menospreciado.

            Es imposible mencionar siquiera las plantas más representativas de estos ambientes; citemos el regaliz de puerto, Trifolium alpinum, que junto al cerbuno, Nardus stricta, conforman el “cerbunal ansotano” descrito por el Profesor Montserrat y soporte nutritivo de los grandes rebaños ansotanos. Además hay grandes superficies pastorales cubiertas por “festucas”, Festuca gautieri, F. eskia, F. nigrescens, F. paniculata que alfombran las laderas del Collarada, Pico de la Garganta, Bisaurín y Mesa de los Tres Reyes, y ya en la cumbre de estas montañas crece una cárex boreoalpina, Kobresia myosuroides, y mucho más rara -solo en Collarada- Carex curvula, formando pequeñas manchas de césped que destacan por su verdor junto a las cumbres pedregosas. En los enclaves mas innivados aparecen plantas con flores espectaculares por su tamaño y colorido, entre otras muchas la conocida flor de nieve, Leontopodium alpinum que llega hasta Peña Oroel y  ya con denominación popular desconocida Soldanella villosa, Homogyne alpina, Lychnis alpina, Linaria alpina, Scutellaria alpina, Hormynum pyrenaicum, Plantago alpina, Veronica alpina, entre tantas otras; el epiteto latino indica bien a las claras su vocación ambiental y origen patrio. 

            Las grietas y rellanos de los enormes cantiles del territorio, atesoran una flora muy peculiar, con abundantes rarezas botánicas y endemismos de gran interés botánico. Destacamos la oreja de oso, Ramonda myconi, Petrocoptis hispanica y P. pyrenaica, Valeriana longiflora, V. apula, Saxifraga longifolia, Hypericum nummularium, Potentilla alchimilloides, la madreseva del Pirineo, Lonicera pyrenaica y varios helechos como Asplenium trichomanes  y A. viride.

por Daniel GÓMEZ GARCÍA Siguiente: 12 joyas botánicas de La Jacetania
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