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Asociación de Amigos del Camino de Santiago JACA
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El Camino de Santiago en Aragón Volver a la página anterior  Volver

HISTORIA DEL CAMINO EN ARAGON

RELIGIOSIDAD MEDIEVAL Y PEREGRINACIONES

La peregrinación a lugares sagrados y a los grandes santuarios siempre fue una prescripción común a muchas religiones, que han otorgado al itinerario físico un sentido de camino penitencial, de purificación y de acercamiento a la divinidad. La esperanza que movía al peregrino era alcanzar la curación del alma y del cuerpo, al final del camino.

Los grandes centros de peregrinación de la Cristiandad medieval nacieron alrededor de santos sepulcros: Jerusalén, Roma y Santiago. Pero otros muchos templos de segundo orden atraían a los peregrinos en cada país, región y comarca. Cuando no existían tumbas famosas, se usaban reliquias. En la Edad Media, el afán por conseguirlas estimulaba grandes gastos, luchas o incluso peligrosas expediciones. Todos los santuarios y catedrales ambicionaban su posesión y acumulación, porque multiplicaban su prestigio y atraían a multitud de peregrinos, donaciones y cuantiosos legados.

La peregrinación fue en su origen un fenómeno espontáneo, pero con el paso del tiempo se fue institucionalizando. Las órdenes religiosas y militares mediante la fundación de hospitales o alberguerías para la asistencia de pobres y peregrinos, fijaron los grandes caminos de peregrinación y fueron sus más inspirados propagandistas.

Sin embargo, la naturaleza de la peregrinación no era sólo religiosa. Toda una masa abigarrada de mercaderes, vagabundos, ladrones, juglares y prostitutas se mezclaba en los caminos con los auténticos peregrinos.

En el ámbito económico, el camino de peregrinación se convirtió muy pronto en una ruta comercial de primer orden, coincidiendo con el momento (siglos X-XI) en que se produce una fase de gran crecimiento económico, de renacimiento urbano y de revolución comercial. De esta forma, a su paso, la ruta jacobea concitó la fundación de ciudades y mercados; hizo la fortuna de los antiguos núcleos urbanos; enriqueció a sus regiones y las abrió a las corrientes culturales de la época.

Lo mismo sucedió en Aragón y en las ciudades, villas y mercados que se poblaron al paso del Camino de Santiago: Canfranc, Jaca, Berdún, Ruesta y Tiermas fueron los núcleos principales, dotados con hospitales y también con ferias y mercados. Otros lugares de paso, de menor entidad, también se contagiaron de las diversas influencias y aportaciones jacobeas: espirituales, piadosas, caritativas, asistenciales, mercantiles, picarescas, etc.

SURGIMIENTO DE LA PEREGRINACIÓN JACOBEA

El culto al apóstol Santiago en Galicia comenzó en el siglo IX, con su altar situado sobre un antiguo templo romano dedicado a Júpiter. El origen probable se remonta al obispo Teodomiro (muerto en el 847), quien habría adaptado el culto pagano de Júpiter (Dios del Trueno y del Relámpago) al culto cristianizador a Santiago Zebedeo (que los Evangelios nombra como Hijo del Trueno).

Esta aparición fue pronto conocida en la corte carolingia, surgiendo el interés por el nuevo culto en la lejana Galicia, y comenzando las peregrinaciones. Con el tiempo, poco a poco, se irán fijando los diversos itinerarios o caminos que ha tenido el Camino de Santiago. En el siglo IX se utilizan las calzadas romanas que transitan al norte de la España Musulmana.

 

LAS RUTAS DE LA PEREGRINACIÓN

En el complicado entramado de caminos empleados para viajar hasta Compostela, se establecieron, de forma natural, cuatro vías principales por las que poder encauzar estas rutas de peregrinación provenientes de toda Europa a través del vecino país francés, logrando una protección basada en formar grupos muy numerosos.

Se conocen como:

Turonense o de Tours.
Se ubicaba su auténtico punto de partida en la plaza de Santiago de la capital francesa, París, que recibía la afluencia de gentes venidas de las Islas Británicas y todo el Norte europeo. Se desplazaban por Poitiers, Burdeos y Orthez.

Lemovicense o de Vezelay.
Camino elegido por los viajeros del Norte y Centro de Europa, atravesando: Estrasburgo y Zurich para llegar a Orthez visitando Bourges y Limoges

Podense o de Le Puy.
Vía elegida por la gente centroeuropea que transitaba por Munich, Zurich y Lyon, camino del llamado milagroso santuario de Nuestra Señora de Rocamadur.
Estas tres Vías se unían al poco de llegar a Orthez, en la localidad francesa de Ostabar que contaba con un buen hospital para peregrinos. Así, los peregrinos se desplazaban por un trazado único en su caminar hacia tierras navarras: primero, por el valle del Baztán y los monasterios de Urdáx y Velate. Años más tarde, por el de Roncesvalles y su afamado monasterio.

La Tolosana o de Toulouse.
Es la cuarta de las más conocidas vías descritas, entre otros, por el clérigo francés Aymeric Picaud, cuyo trabajo data del siglo XII. Este itinerario, el más meridional en tierras galas, traía gentes desde Oriente y Sur de Europa, atravesando el Languedoc, y a los que desde Le Puy preferían cambiar su dirección hacia el Sur para arribar por fin en Olorón, ciudad donde los peregrinos habían de enfrentarse, tras haber recorrido cientos de kilómetros y un merecido descanso, con la superación de la prueba más dura de su viaje, atravesar el Somport.

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